lunes, 19 de noviembre de 2012

Lecciones de portañuela…

El papel recorría el aula de mano en mano, cada alumno lo leía, sonreía con  sutileza y lo pasaba al del frente, hasta que llegó a mí.
-Señorita, por favor, quiere darme el papelito-
-Pero profe!... sólo atiné a estirar la mano sin comprender aún la gravedad de los hechos. Estaba concentrada en la clase de literatura, tanto que casi deambulaba por la Italia del siglo XVII, sin embargo, ese día y ese papelito definió  mi tranquilidad durante  los cinco años de la universidad.
El profesor leyó, me miró con despreció y profirió decenas de adjetivos, obviamente, ninguno para mi gusto.  Terminó la clase y puso un examen de comprobación. Respondí sin temor cada una de las preguntas; recordaba bien sus exposiciones sobre el tema.
El siguiente día inició con las calificaciones. La mía fue de desaprobada. Estaba segura que había hecho un examen impecable, pero, ya el destino estaba fijado: había ganado un  enemigo confeso.
El profe me obligó durante todo el semestre a  meticulosos exámenes orales, nunca eran suficientes mis respuestas. La evaluación, que dependía de su total apreciación, jamás retribuyó bien mis esfuerzos. Incluso,  luego se encargó de integrar todos  los tribunales en  los exámenes finales del resto de las literaturas durante la carrera, y aunque no pudo influir en la puntuación sí alcanzó a  fustigarme con su rencor.
Mi táctica fue estudiar mucho, profundizar en las bibliografías, leer las obras de cada uno de los escritores, a pesar de que  Literatura Universal terminara siendo una asignatura en la que no pudiera cerrar jamás con el máximo de los puntos.
El combate fue grande, pero, edificante: acabé conociendo más literatura que lo que exigía el programa de  clases; aprendí que recibir notas que circulan  por el aula te hacen tan culpable como al verdadero autor,  y, comprendí que al profesor se le debe mirar siempre a los ojos, traiga o no la portañuela desabotonada.

2 comentarios:

Juan Martinez dijo...

Moraima: En estos tiempos de crisis muchas cosas importan mas que una portañuela desabotonada o los ojos de un profesor.

Moraima dijo...

Gracias Juan, en cada tiempo es importante aprovechar experiencias, es mi opinión... Ese también fue un momento de crisis para mi y logré buscar la forma de mejorarme como ser humano.

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